Canto Prenatal... y mucho más

Este es el título que Lorena ha puesto a su precioso relato... desde luego que escrito desde el corazón. Y redactado con tal gusto y claridad que es una maravilla leerlo. Si es que lo explica mucho mejor que yo! jejejeje

Espero que lo disfrutéis, a mí me ha emocionado. Mil gracias guapísima por compartir para hacer llegar estas informaciones a más y más mujeres! Gracias <3


Canto Prenatal ... y mucho más
  
Me acerqué al canto prenatal desde el pragmatismo y un cierto escepticismo. Me gusta afrontar todo aquello que no conozco virgen, sin ideas preconcebidas, pertrechada tan sólo de curiosidad y toda la apertura a la experiencia de la que soy capaz, sea como sea ésta, sin prejuicios ni disfraces.  
 
Había encontrado en las redes sociales un textito que decía algo así como que, al cantar, al emitir el sonido “aaaaaaaaaa” desde lo más hondo del ser, los músculos de nuestras entrañas se abren, facilitando así el trabajo del parto. Pude comprobar en ese mismo momento que era cierto. Podéis comprobarlo vosotras mismas en este instante. Ni siquiera es necesario que lo hagáis en voz alta. Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, y sentiréis cómo os abrís, sin ni siquiera pretenderlo. 


Aquello ya era algo. Todo esto me seguía sonando extraterrestre, pero había encontrado algo físico, tangible, sobre lo que seguir construyendo. Decidí acudir a uno de los talleres que imparte Esther, a quien ya conocía y en quien confiaba plenamente, aunque lo que hacía me resultara lejano. Como experiencia fue emocionante y muy agradable. Además, me ayudó a centrarme, a conectar con mi cuerpo, con mi embarazo, e incluso con mi bebé –lo que a veces, aunque parezca increíble, puede ser difícil en un segundo embarazo, sumergida todavía en la vorágine de la crianza del primero-. Aprendí, sobre todo, a utilizar la voz para dar a luz. Tuve una herramienta más a mi disposición para el nacimiento de mi bebé. 


Y la utilicé, ¡vaya si la utilicé! Alumbré a mi primera hija en silencio, ergo, también es posible. Pero es cierto que, cuando empiezas a utilizar la voz en el nacimiento de tu pequeño, no tiene sentido parar. Para mí, al menos, no lo tuvo. Creo que “sonoricé” prácticamente cada contracción, cada abrazo a mi pequeño. Probé alguna vez a no hacerlo, y el dolor era mayor, mucho mayor, así que seguí empleando la voz, por puro pragmatismo: me dolía menos, dilataba mejor. Pero había algo más. Y me explico.

Bien, pues el canto en general, y la voz en el parto en particular, son, para mí –y no sólo para mí-, una forma de meditación, porque te llevan al aquí y el ahora, a tu respiración, a lo que sucede en tu interior…  Te ayuda a conectar con tu cuerpo y sus necesidades en ese preciso instante, permitiendo que tus sensaciones ocupen todo tu ser, sin juicios, momento a momento, llenando así un vacío que de otra manera quedaría ocupado por un diálogo interno que puede llevar al sufrimiento, a la cerrazón de un útero que quiere parir y que al mismo tiempo se resiste a ello por miedo al  dolor, aumentándolo, sin embargo, por ello mismo, en un círculo vicioso difícil de detener.


Puedes asistir –y de hecho, probablemente asistirás- a clases en las que te digan: “Durante el parto, respira así o asá”. Ja. “Relájate, no tengas miedo”. Bueno… “Siente esto o piensa aquello”. Quizá. Sin embargo: “Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”. Fácil. Y la respiración será lenta y sostenida. Y estarás en tu cuerpo, atenta a tu voz, al flujo de aire que entra y sale, a tus sensaciones y a tu bebé. Y tu mente estará tranquila, centrada solamente en el aquí y ahora. Nada más. Y nada menos. 


Mi parto no acabó como yo quería. Avanzó estupendamente hasta que, poco a poco, empezó a detenerse. Tras 25 horas de contracciones continuadas, dilatación 9 durante unas ocho horas, decidimos ir al hospital de Torrejón –que recomiendo, por lo respetuoso, a cualquiera que se decida por esta opción-. Siete horas y media más tarde, y ya anestesiada, nació Inar, cianótico, con doble vuelta de cordón, que hubo que cortar al instante para permitirle salir. 


En el momento mismo en que nacía sonó la alarma de mi móvil. Eran las 8.25 de la mañana, la hora a la que solía levantarme todos los días. Me pareció entonces una señal de que tenía que nacer ahí, tenía que nacer así. De que este pequeño ser había nacido para enseñarme, entre otras muchas cosas, que no podemos controlar todo, que a veces las cosas marchan de forma diferente a como las habíamos planeado. Que la vida no es buena ni mala, simplemente ES. Y que, en cualquier caso, a veces te ofrece regalos maravillosos como este bebé, sano, sonriente y maravilloso. 


Inar ahora tiene 7 meses y medio y se ríe muchísimo, casi continuamente, y lo hace con la boca muy abierta. Y cada vez que le veo me recuerda a mi parto, a todo el tiempo que estuve esperándole, meditando, sintiendo mi cuerpo, mi voz, mi respiración, con la boca muy abierta y entonando, como pedía mi cuerpo, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.



Lorena

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